Corría sin parar por un campo, era el patio de un edificio. Mis ojos desesperados iban de lote en lote, buscando una salida. Había saltado por una ventana huyendo de un militar, del militar que me perseguía por quién sabe qué. Podrían ser demasiadas opciones. Así que no tenía demasiado tiempo. Logré divisar a lo lejos una muralla, listo, estaba perdida. No había salida posible en la que no me vieran. Pero como esa muralla contaba con un portón que se abría constantemente, tenía que tomar una decisión.
Miré mi entorno. Decidí ocultarme debajo de la camioneta Hilux que se estacionaba allí mismo. Enseguida escuché los pasos de los secuaces de mi captor.
-...Rastrearemos la zona...- Pude oír una voz impostada hablando por Handy. Los pasos eran firmes y cada vez más cercanos, se abría la puerta del conductor de la Hilux y al unísono las demás. Me agarré fuertemente de la camioneta como primer acto-reflejo, sabía que era una locura, pero a veces estas cosas funcionan. Cuando estuvo en marcha confirmé que había sido una muy mala idea. Las piedras del terreno saltaban y chocaban contra mi espalda. El vehículo saltaba las irregularidades y mi cuerpo sentía esas embestidas. Cerré los ojos y aguanté todo lo que pude.
Cuando abrí los ojos aún seguía bajo la camioneta, pero ésta ya estaba detenida. Rápidamente toqué mi espalda, no sentí mi tacto y esto me herizó los pelos de los brazos. Miré mi mano asegurando que nada tenía en la espalda, pero me equivoque, efectivamente estaba sangrando.
Corroboré mi alrededor, ya no había nadie allí. Así que salí de mi escondite rodando. Y, formando una pasta con la tierra y mi sangre, limpié el lugar, arrojándola hacia una canaleta. No quería dejar ningún tipo de huella.
Divisé a lo lejos una fuente, me acerqué y limpié mis heridas. Descansé a un lado de la bomba de agua que se encontraba ahí. Dentro de modo tal que el sistema no me lastimara.
Pasaron días, mi ayuno ya empezaba a doler y mi cuerpo no resistía las heridas. Gracias a Dios no me habían encontrado. Y gracias a mi ubicación podía estudiar tranquilamente el manejo del portón de aquella muralla. Ya me había acostumbrado a los mismos movimientos. Hasta que hubo un movimiento que no lo había visto.
El sistema de seguridad del portón se había desactivado, pero nadie lo había tocado. Se estaba desactivando desde afuera. Entendí que era mi oprtunidad y mi rescate.
Salí del pequeño bloque de cemento que me había protegido y tropecé. Estaba hace varios días y no había movido un músculo. Como pude, corrí hacia la única salida. Del otro lado me esperaba mi hermana.
-Rápido, sostente de mí.- me dijo, y así lo hice. Nos fuimos a una casa donde estábamos siendo hacinados junto con mi familia. Me recuperé. Para salir otra vez al ruedo.
Si bien no había dejado huella alguna. Mi huída había marcado un antes y un después en los informativos de la ciudad me llamaban "Houdini" pero no había sido más que suerte. La historia de cómo logré escapar de entre las manos de la fuerza.
Una vez más me salía con la mía. Pero no podía evitar sentir que alguien me estaba observando.
Jamás me relajaría. Así que tomé el primer tren hacia el interior, pero a mitad de viaje se detuvo.
-¡Inspección!- gritaban los altopartlantes. Mi corazón se heló.
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