lunes, 5 de enero de 2015

Reseña al libro "50 sombras de Grey" (Fifty shades of Grey)


Hola mis queridos lectores, hoy les vengo a dar la reseña de uno de los libros de la trilogía "Cincuenta Sombras". Como siempre, les voy a dejar el libro para que puedan leerlo online o descargárselo acá.
El primer libro de esta trilogía se llama "Cincuenta sombras de Grey" y trata sobre una estudiante de literatura británica, Anastasia (o Ana), tímida, tranquila, callada. Que tiene que reemplazar en una entrevista a su mejor amiga y compañera de cuarto (Katherine o Kate) en la Universidad, ésta es la periodista de la revista de la facultad, una chica persuasiva, hermosa, con carácter que logra conseguir una entrevista con el presidente de la empresa Grey Enterprises Holdings Inc., un caballero multimillonario, educado, atento y muy controlador. Esto es lo que se entera Ana cuando llega a la entrevista, ya que ella no conocía nada del Sr. Grey.
  En la entrevista, Anastasia se encuentra atrapada en la "Grey House", un edificio enorme de carácter muy elegante que logra intimidarla, junto con el personal que trabaja en aquella casa, mujeres perfectamente arregladas y hermosas, todas rubias de 1,70 mts.
  Cuando ella entra a la oficina de Christian Grey (que así se llama el personaje) se siente inmediatamente atraída por él y queda impactada observando que al personal de la casa le pasaba lo mismo que a ella. Eso la deja más tranquila, pero sin embargo no podía tranquilizarse del todo porque Christian la hacía sentir intimidada.
 Luego de la entrevista, el Sr. Grey aparece en donde trabajaba ella, que esto era en Clayton's, una ferretería del señor Clayton.
 La acción comienza desde ese entonces, cuando de pronto el Sr. Grey la invita a tomar un café y ella accede con la condición de que Christian hicisera una sesión de fotos para la revista de la Universidad.

A medida que va ocurriendo la historia, Ana se ve contra la espada (o debería decir la fusta) y la pared (roja, obviamente). Entre esposas, bondage y el pasado de Christian, hay una relación muy estrecha y Anastasia va a descubrir y curar a Christian de su obsesión... ¿O no?


Bueno, este libro en particular me gustó mucho. Al principio cuenta la historia de nuestro personaje principal (Ana) y nos hace encariñar con ella, nos mete un poquito en su vida y a partir de eso, podemos seguir leyendo cómodamente la historia. La autoría de este libro pertenece a E. L. James una señora que, al parecer, tiene una graan imaginación. Contando con le apoyo de su familia, ella escribe este libro y luego continúa con otros dos (de la misma saga, claro está) escribiendo con gran detalle cada escena libidinosa y tomándonos de la mano nos lleva de un lugar a otro.
 Es un libro que se disfruta al leer y que no podes dejar a la mitad porque te morís de la intriga (aunque eso me pasa con la mayoría de los libros, pero este, tiene ese toque especial)

Espero que les haya gustado la reseña y que lean el libro. Pueden comentar su opinión que estaré muy agradecida! :)

Hasta pronto! 


Reflejos. Por Sebastián Gorosito

Hola mis amigos, bienvenidos a una nueva entrada de este blog que es Literatura Caminante. Ustedes ya bien saben, que este blog se llama así porque va trascendiendo de autor, si bien la mayoría de las entradas que subí son de mi autoría, el blog va caminando de a poquito hacia el público que todos conocemos, como lo son nuestros amigos y conocidos. Hoy les traigo una historia de un amigo mío, Sebastián Gorosito. Trata del reflejo que existe en el mundo, sobre la empatía y la dependencia que tenemos con los demás. Sean prudentes y no malgasten su energía, porque su reflejo puede cometer un acto peligrosamente perjudicial. Disfrútenlo...

Reflejos


José junto con su esposa Irma tendrían, para su sorpresa (y para sorpresa de los médicos,
también) una pareja de mellizos. Era algo sumamente raro, y a la vez para el médico, algo
totalmente aterrador. Lo que más llamó la atención a las enfermeras y a los guardas era que cada
movimiento que uno de los niños hiciera, sería imitado por su hermano, sin contar en ningún
momento con alguna excepción a su regla.
Los mellizos crecieron, tuvieron una vida perfectamente normal y sincronizada, aunque por alguna
extraña razón siempre caminaban la misma cantidad de pasos, lo cual les resultaba ambos extremadamente molesto a los dos sobre todo cuando intentaban practicar deportes o caminar rumbo a algún lugar separados. No era una escena de extraña ocurrencia, que antes de llegar a un lugar uno de los mellizos se quedara en la entrada porque no podía caminar más pasos, como si sus pies estuvieran atados al suelo como si fueran estos unos pesados bloques de cemento. Y así pasaba alguno de los mellizos atrapado en algún lugar por culpa que su hermano no se moviere o en una situación desventajosa. Entre ellas podríamos comentar la vez que el Juan, uno de los mellizos, fue
con sus amigos a un bar y para su sorpresa su hermano dio dos pasos menos de los necesarios para
entrar al lugar. El se encontró entonces en la puerta de dicho bar, bajo la lluvia (puesto que
era un día de tormenta, tal vez la peor en varios años) mientras su hermano dormía en la cama.
O por cierta vez que Pedro, el otro mellizo, casi muere porque el hermano dudaba entre dar un
paso más o un paso menos hacia algún lugar cuando el otro estaba al borde del precipicio.
Con el tiempo, la madurez, la razón, conocer un poco más el mundo y forzar al médico a que les contara lo extraño de su vida le hizo dar cuenta a dichos hermanos que, en realidad, todos los que vivian ese mundo tenían un clon (en este caso, ellos dos eran clones) que imitaban todos sus movimientos, y tal vez eso les ayudo a entender la expresión de espanto del médico al verlos. Eran una falla de la mecánica de ese mundo especular, tal vez tan perfecto hasta entonces que solo había
pasado dos veces en la historia.
'Donde la persona vaya, su reflejo hará lo mismo en el extremo opuesto del mundo.
Esto es lo que condicionaba a todos en esta existencia; nadie vive sino para no perjudicar
a su clon y nadie vive sin ser potencialmente perjudicado por su reflejo. Y al fin y al cabo,
nadie sabe si se controlaba su vida o su vida era controlada desde el otro extremo del mundo.'
Les dijo el médico.
Las palabras repercutieron bastante en ambos, al saber que sus vidas estaban tan profundamente
interrelacionadas que uno podría matar al otro. Y de allí nunca se movieron.


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Epílogo

 La idea de un mundo especular no me pertenece; una vez un amigo mío (Rodrigo) me lo
comentó como una posible idea para hacer una historia que el no quizo hacer porque es muy vago
y básicamente me dejo la idea como para hacer lo que yo quisiera. La verdad no la pensé muy bien
así que esto fue medio lo que pensé que me gustaría, medio lo que salió.

Continuación de la escritura personal - Eliana Juarez

Hola amigos lectores!! Hace muchísimo tiempo que no escribo, los extraño. ¿Saben? Está demás decir que no tuve tiempo para publicar, pero hoy, siendo las seis de la mañana encontré el espacio que se merecen, y voy a publicar el capítulo 4 de la escritura personal.
 Para los que estuvieron leyendo los demás capítulos, déjenme decirles que este se viene con todo... Es el punto crucial para saber que sucede después, así que no te lo podes perder... Y sin más preámbulos, disfrute de la lectura mi amiga/o ...


Capítulo 4 

El muchacho se acercó a mi, con aire petulante. Me quedó observándolo impaciente, esperando mi oportunidad para escapar. A medida que lo pensaba, mis posibilidades se agotaban cada vez más ¿A dónde iría? Y si lograba escapar… ¿Estaría realmente a salvo?  
  Mi mente daba vueltas y mis lagrimas seguían el contorno de mis mejillas, sin cesar. 
- Pará piba… Dejá de llorar. 
¿QUÉ ME ESTABA PIDIENDO?¿EN SERIO?¿ DEJAR DE LLORAR? 
- Que inteligente tu petición, me gustaría por un momento pensar que no lo dijiste en serio – Me hice la valiente.

-          Mira, te voy a dejar las cosas bien claras. Acá el que tienen el mando soy yo, vos te callás y haces lo que te digo, y cuando te digo que dejes de llorar, lo haces. ¿Se entendió? ¿O es muy difícil que tu cabeza femenina pueda unir más de 5 palabras que no incluyan maquillaje o chicos?
¿Qué, qué? Me sentía ofendida, mucho muy ofendida. ¿Qué clase de chica pensaba que era? Le había dedicado toda mi vida al arte, a la cultura… Yo no estaba criada con ese pensamiento de chica hueca que sólo quería un novio o tener el mejor  atuendo en kilómetros a la redonda. Yo no era esa chica. No, no, no, no. Yo, Carla… ¿No era esa chica…? ¿Cierto?
Un tornado arrasó mi mente y me vi transportada a unos, muchos años atrás. Donde estaba estudiando… La escuela de arte “Picasso”, vi una chica con su paleta y su pincel. Pintando un cuadro de “verdadero amor”. Ella se veía lánguida , su cabello con rulos caía alborotado en su cintura, su guardapolvo manchado involuntariamente decía cosas que ella no quería ver.
-          ¡MIREN CHICAS! MIREN QUE PATÉTICO LO QUE PINTÓ CARLA   -  Decía una de mis compañeras de clase mientras las demás se reían. Yo estaba acostumbrada a ello, pero su creciente insistencia en molestar, me había colmado la paciencia, sin siquiera mencionar que se burlaba de uno de mis más íntimos sentimientos.
Mi mente hizo un giro de 360° y al segundo siguiente, me encontraba en el baño de casa… Me había encerrado para maquillarme, puesto que Leila y pandilla de zorras me habían hecho bajar el autoestima “Asquerosaaaa! “ Me había gritado “¿Por qué no te arreglás un poco antes de venir al colegio? ¡Sucia! “  y sus amigas se había reído de mi, señalándome para que todo el mundo me vea y comprobara que, una chica, sí… Una de las “del Picasso” no se había maquillado o había usado una pollera por encima de las rodillas. Y ahí estaba yo, con mis inseguridades frente al espejo, pintándome el rostro… Intentando tapar las “imperfecciones”, lo feo. Creyendo que podía por un segundo, tapar mi personalidad y ser como los demás. 
 Como de costumbre, me pinté mal. El delineador que me había pueso en los ojos se me había corrido y la línea era muy poco precisa, entrecortada. Mis labios pintados de café, se veían deformes, imperfectos e inclusive ridículos. Me había puesto una base más oscura a la de mi piel y el rubor era demasiado rosado. Parecía un payaso… O una prostituta de barrios muy muy pobres, con mi pollera de colegiala que usaba en primer año, que por cierto me quedaba chica. Con el escote casi hasta el ombligo de la blusa rojo vivo que le había sacado a mamá de lo más profundo de su guardarropas… BAM! BAM! BAM! Mi padrastro tocó la puerta bruscamente, quería entrar al baño pero no iba a permitir que me viera así de… Provocativa o inclusive ridícula. Había trazado un plan para que él tuviese el menor contacto conmigo, me causaba repulsión.

-          ¡CARLA! SALÍ DE AHÍ ¡DALE! HACE UNA HORA ESTÁS AHÍ ADENTRO. – Me apuró.
-          ¡Ya salgo! – Le dije impaciente, muerta de la vergüenza. No quería que abriera y me encontrara a mi con las marcas que habían dejado los fantasmas de la baja autoestima.
Repentinamente, abrió la puerta del baño. Me analizó con la mirada, de arriba abajo. Con deseo en sus ojos y la perversión de su sonrisa. Esto no iba a terminar bien.

-          Así que… Esto era lo que estabas haciendo… - Empezó a decirme, mientras yo estudiaba la escena para poder salir intacta de ahí.