Para los que estuvieron leyendo los demás capítulos, déjenme decirles que este se viene con todo... Es el punto crucial para saber que sucede después, así que no te lo podes perder... Y sin más preámbulos, disfrute de la lectura mi amiga/o ...
Capítulo 4
El muchacho se acercó a mi, con aire petulante. Me quedó observándolo
impaciente, esperando mi oportunidad para escapar. A medida que lo pensaba, mis
posibilidades se agotaban cada vez más ¿A dónde iría? Y si lograba escapar…
¿Estaría realmente a salvo?
Mi mente daba vueltas y mis lagrimas
seguían el contorno de mis mejillas, sin cesar.
- Pará piba… Dejá de llorar.
¿QUÉ ME ESTABA PIDIENDO?¿EN SERIO?¿ DEJAR DE LLORAR?
- Que inteligente tu petición, me gustaría por un momento pensar que no lo
dijiste en serio – Me hice la valiente.
-
Mira, te voy a dejar las cosas bien claras. Acá
el que tienen el mando soy yo, vos te callás y haces lo que te digo, y cuando
te digo que dejes de llorar, lo haces. ¿Se entendió? ¿O es muy difícil que tu
cabeza femenina pueda unir más de 5 palabras que no incluyan maquillaje o
chicos?
¿Qué, qué? Me sentía ofendida,
mucho muy ofendida. ¿Qué clase de chica pensaba que era? Le había dedicado toda
mi vida al arte, a la cultura… Yo no estaba criada con ese pensamiento de chica
hueca que sólo quería un novio o tener el mejor
atuendo en kilómetros a la redonda. Yo no era esa chica. No, no, no, no.
Yo, Carla… ¿No era esa chica…? ¿Cierto?
Un tornado arrasó mi mente y me
vi transportada a unos, muchos años atrás. Donde estaba estudiando… La escuela
de arte “Picasso”, vi una chica con su paleta y su pincel. Pintando un cuadro
de “verdadero amor”. Ella se veía lánguida , su cabello con rulos caía
alborotado en su cintura, su guardapolvo manchado involuntariamente decía cosas
que ella no quería ver.
-
¡MIREN CHICAS! MIREN QUE PATÉTICO LO QUE PINTÓ
CARLA -
Decía una de mis compañeras de clase mientras las demás se reían. Yo
estaba acostumbrada a ello, pero su creciente insistencia en molestar, me había
colmado la paciencia, sin siquiera mencionar que se burlaba de uno de mis más
íntimos sentimientos.
Mi mente hizo un giro de 360° y
al segundo siguiente, me encontraba en el baño de casa… Me había encerrado para
maquillarme, puesto que Leila y pandilla de zorras me habían hecho bajar el
autoestima “Asquerosaaaa! “ Me había gritado “¿Por qué no te arreglás un poco
antes de venir al colegio? ¡Sucia! “ y
sus amigas se había reído de mi, señalándome para que todo el mundo me vea y
comprobara que, una chica, sí… Una de las “del Picasso” no se había maquillado
o había usado una pollera por encima de las rodillas. Y ahí estaba yo, con mis
inseguridades frente al espejo, pintándome el rostro… Intentando tapar las
“imperfecciones”, lo feo. Creyendo que podía por un segundo, tapar mi
personalidad y ser como los demás.
Como de costumbre, me pinté mal. El
delineador que me había pueso en los ojos se me había corrido y la línea era muy
poco precisa, entrecortada. Mis labios pintados de café, se veían deformes,
imperfectos e inclusive ridículos. Me había puesto una base más oscura a la de
mi piel y el rubor era demasiado rosado. Parecía un payaso… O una prostituta de
barrios muy muy pobres, con mi pollera de colegiala que usaba en primer año,
que por cierto me quedaba chica. Con el escote casi hasta el ombligo de la
blusa rojo vivo que le había sacado a mamá de lo más profundo de su
guardarropas… BAM! BAM! BAM! Mi padrastro tocó la puerta bruscamente, quería
entrar al baño pero no iba a permitir que me viera así de… Provocativa o
inclusive ridícula. Había trazado un plan para que él tuviese el menor contacto
conmigo, me causaba repulsión.
-
¡CARLA! SALÍ DE AHÍ ¡DALE! HACE UNA HORA ESTÁS
AHÍ ADENTRO. – Me apuró.
-
¡Ya salgo! – Le dije impaciente, muerta de la
vergüenza. No quería que abriera y me encontrara a mi con las marcas que habían
dejado los fantasmas de la baja autoestima.
Repentinamente, abrió la puerta
del baño. Me analizó con la mirada, de arriba abajo. Con deseo en sus ojos y la
perversión de su sonrisa. Esto no iba a terminar bien.
-
Así que… Esto era lo que estabas haciendo… -
Empezó a decirme, mientras yo estudiaba la escena para poder salir intacta de
ahí.
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